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Los miedos en la infancia

El exceso de información y estimulación al cual los niños y jóvenes están sometidos actualmente, muchas veces los deja sin la posibilidad de entender a través de sus propios medios lo que observan o escuchan. Esto puede ser un verdadero padecimiento cuando el miedo y la angustia vienen a invadir el espacio de lo que habría sido una comprensión a la medida. Es decir, un niño o joven expuesto a situaciones que por su madurez emocional no alcance a elaborar, puede sufrir esta incomprensión en forma de miedo. Lamentablemente esto no sólo sucede mediante los medios masivos de comunicación, sino que muchas veces en sus propios entornos los niños serán espectadores u oyentes de información que, emocionalmente, excede su capacidad de entendimiento y asimilación. Así es como un niño o joven puede sentir angustia y/o miedo cuando escucha u observa contenidos que más bien deben ser solamente manejados por adultos. Estos últimos son quienes deben actuar en forma protectora para que el exceso de información no se traduzca en una incorporación traumática de la misma, desencadenando una reacción emocional inquietante en los niños o adolescentes.

El miedo en la infancia suele ser una emoción que desajusta toda rutina y desequilibra la acomodación familiar en sus más pequeños detalles. Los niños y jóvenes atemorizados no logran adecuadamente descansar en el sueño, estudiar en el colegio, socializar, e inclusive pierden la capacidad para jugar. En fin, la actividad creadora o creativa es inhibida. Lo que ocurre es que el miedo vivido internamente es extrapolado a todo lo que rodea externamente, haciendo que el mundo ahora parezca amenazante y peligroso.

Así es como debemos preocuparnos cuando la reacción emocional de un niño atemorizado señala un cambio significativo respecto a su anterior comportamiento y desplante en los distintos escenarios de su vida. Entre las formas de expresión del miedo existe la fobia, que es cuando el niño no es capaz de acercarse o tomar contacto con una situación específica pues ésta le produce mucha ansiedad. También pueden percibirse crisis de angustia, las cuales se describen como reacciones corporales y mentales específicas donde se experimenta una significativa inquietud y sensación de descontrol. Por ejemplo, la persona puede presentar sudoraciones, palpitaciones e inestabilidad, así como un miedo intenso a perder el control de sí mismo o inclusive a la muerte. El estrés postraumático se presenta después de un evento difícil de vivenciar emocionalmente, el cual será revivido persistentemente con mucho malestar. Por último, el miedo puede manifestarse a través de conductas y actitudes regresivas en los niños que den cuenta de una suerte de retroceso en su desarrollo, es decir manifestando conductas que correspondan a una edad menor, especialmente respecto a la adquisición de mayor independencia.

Ahora bien, en ciertas etapas de la vida, los niños y jóvenes buscan autonomía, separándose de sus padres para conocer las cosas por sí mismos. Pero van a necesitar volver a corroborar constantemente que los padres siguen a su lado, obteniendo así la seguridad para explorar el mundo, lo conocido y algo más allá. Pues bien, cuando esto resulta atemorizante muchos padres querrán proteger y cuidar a sus hijos de esta emoción. Sin embargo, será fundamental que se les permita vivirla naturalmente y expresarla, encontrando de esta manera –en el acompañamiento- un espacio donde enfrentar y pensar la normalidad de estos miedos.

Los miedos deben ser hablados por los niños y jóvenes, deben ser jugados o leídos junto a ellos [el rincón de los libros]. Este afecto displacentero, reconocido por ser involuntario, vendrá a ser aliviado cuando ellos puedan verbalizar o jugar lo que padecen. La consulta psicológica será un espacio para recuperar esa confianza que el juego requiere como actividad creadora, donde a través de los materiales se hace una elaboración imaginativa de las relaciones y angustias internas [1].

  1. Winnicott, D. (sin fecha). Notas sobre el juego. En Exploraciones psicoanalíticas I. Buenos Aires: Paidós

 

Paloma Méndez M.

Abril, 2011


ago 18, 2011 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: No hay comentarios

 


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