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La Separación de los Padres y la Participación de los Hijos

Cuando una familia se separa, específicamente cuando los padres deciden dar término a su vínculo como pareja, siempre están presentes el conflicto y el dolor entre los miembros de la familia. Es recomendación de todo profesional de la salud mental que los niños, cuyos padres estén en un proceso de separación, no sean expuestos a los problemas de los adultos ni sean involucrados en las discusiones entre ellos a partir de la rabia, culpa u otras reprimendas.

Sin embargo, ¿qué significa no exponer a los hijos a los conflictos propios de la separación?, o bien ¿cómo evitar que sufran por los problemas de sus padres si justamente se trata de la separación y transformación de su propio núcleo familiar? El presente artículo pretende establecer algunas ideas acerca de cómo
manejar la decisión de separarse con los hijos, así como advertir de ciertas situaciones donde los niños pueden estar sufriendo más allá del difícil proceso familiar al que están enfrentándose. Es decir, como adultos, qué experiencias dolorosas podemos evitar o alivianar para los niños o jóvenes cuyos padres se están separando.

Primeramente, los hijos deben ser protegidos de los conflictos que solamente atañan a los adultos de la familia. Una conversación clara y directa acerca de las dificultades que los padres están enfrentando, no excluye el hecho de mostrarles a los hijos que existen temas o contenidos que solamente los padres han de conversar. Es decir, en tanto a los padres los une una historia y vínculo de pareja (aunque éste justamente se encuentre dañado) tienen una intimidad que excluye a los demás; y eso los hijos deberán entenderlo con normalidad.

Por otra parte, la culpabilidad en un niño acerca de los conflictos entre sus padres, es un riesgo muy alto. Esto ocurre porque al momento de la separación los hijos son materia de preocupación de ambos padres, y ello puede ser confundido por los niños con el ser origen o causa de los conflictos. Por otro lado, los hijos son aquella responsabilidad a la que los padres tendrán que reservar un punto de encuentro, aun cuando hayan decidido separarse. Por esta razón, lamentablemente son muchas las veces en que los niños reconocen que cuando los padres se refieren a sus hijos, lo hacen desde la rabia, el reproche u otra posición negativa. Esto último es muy importante, ya que para el bienestar de los hijos será fundamental transmitirles que a pesar de que los padres han decidido separarse, el vínculo con los hijos no se ha terminado, y que, óptimamente, padre y madre tendrán que seguir trabajando conjunta y constructivamente en la formación de sus hijos.

Igualmente importante es saber reconocer las alianzas o lealtades que se construyen entre los hijos y cada padre producto de la separación. Ambas están siempre presentes en todo tipo de familia, e incluso en todo tipo de interacción humana. Sin embargo, tras una separación muchas veces pueden observarse cambios o acentuaciones de estas alianzas, lo que en algunos casos profundiza también el sufrimiento de los niños. Producto de dinámicas tan complejas como las culpabilidades o los resentimientos, los hijos en la familia pueden sentir que deben ser leal a uno de sus padres, o aliarse a la causa o sufrimiento del otro. Esto puede entenderse finalmente como un mecanismo de protección por parte de los niños, para salvaguardar el desequilibrio familiar o compensar la desorganización que todos están sufriendo. Sin embargo, frente a este escenario los padres deberán facilitar la relación de los hijos con ambos progenitores de modo natural y auténtico, alivianar la carga a los niños en sus intentos de restaurar la estabilidad familiar, e intentar no caer en una pelea por ganar esa lealtad de los hijos. Ya que el riesgo está en que si se quiere ganar la simpatía del hijo, seguramente será a partir del dolor o la rabia, y se tomarán las medidas equivocadas, tales como hablar negativamente del otro (lo que generalmente hace a los niños alejarse emocionalmente de ambos progenitores), o justificarse como el o la victima de la situación (exponiendo la intimidad de la pareja y sus conflictos a los niños).

Por último, los hijos no tienen que desconocer el sufrimiento que los padres están viviendo, o que la separación es una situación dolorosa y emocionalmente difícil en tanto compromete cambios significativos para todos los miembros de la familia. Sin embargo, proteger a los hijos de las temáticas adultas es algo diferente, lo que será siempre responsabilidad de los padres y podrá marcar una gran diferencia en el desarrollo de la personalidad de esos niños y sus vínculos emocionales cuando adultos.

Paloma Méndez M.

Diciembre, 2012


dic 03, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: No hay comentarios

 


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