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La Exploración Infantil

Actualmente, tanto adultos como niños se ven expuestos a una vida rápida y planificada para que los tiempos y espacios sean cada vez más eficientes. La rutina hace que incluso aquellos momentos más íntimos o enriquecedores deban ser anticipados para darles cabida en una agenda diversa y compleja. El trabajo de los padres, el colegio de los hijos, las actividades extra programáticas, el apoyo de especialistas, entre otros, dejan una sensación de falta de tiempo para preguntarse ¿qué podemos hacer ahora?, y por sobre todo ¿qué queremos hacer ahora? En base a lo anterior, el pedagogo y dibujante Francesco Tonucci afirma que hoy en día los niños están cada vez más lejos del aburrimiento, siendo intolerable la experiencia de no saber qué hacer y tener que hacer algo para sacudirse el aburrimiento, ya sea con un amigo, una idea, un juguete o inventando algo[1].

Pues bien, vale la pena detenerse en la pregunta anterior, considerando fundamentalmente dos elementos de ella: la inquietud en un niño por descubrir qué quiere, y el hecho de que observemos a ese niño en el ahora o tiempo presente.

Las preguntas que los niños se hacen frente a una situación nueva, compleja o simplemente interesante para ellos, traen múltiples beneficios para su desarrollo. Éstos últimos pueden organizarse en el área cognitiva, social, y emocional de sus vidas.

Un niño con curiosidad intelectual, tendrá el interés por explorar las cosas que suceden a su alrededor y descubrir cómo éstas funcionan. Así, una manera de apoyar el desarrollo cognitivo de un niño puede consistir en el hecho de permitirle preguntarse, por ejemplo, por las formas, los colores o los pequeños procesos que él pueda detectar a su alrededor.

Esto, sin duda, tiene un impacto importante en la capacidad para aprender de un niño. Algunas veces los niños no comprenden los contenidos, y muchas otras no dan cuenta de la importancia de lo que aprenden, porque la enseñanza es materia de adultos que afirman que esto será importante para el futuro del niño. De esto no cabe duda, pero para que un aprendizaje sea significativo, es decir valorado por el niño, éste último debe ser protagonista activo en el proceso de asimilar y comprender los contenidos. La autonomía en el aprendizaje (así como en el juego) es algo importante de fomentar en los niños, no sólo por cuánto los prepara para un futuro.

Asimismo, la exploración social, como por ejemplo iniciar una interacción con otro niño hasta entonces desconocido, invitarlo a jugar o crear un juego compartido, ayudará en el desarrollo social. Es decir, un niño será capaz de vincularse sanamente con otros si vive o incluso descubre diferentes experiencias en torno a los pares, como su aprobación, el rechazo, la espontaneidad, y la iniciativa.

Por último, el desarrollo emocional de un niño está estrechamente ligado a su creatividad y capacidad para iniciar un juego por sus propios medios. Esto es, el hecho de que un niño sea capaz de desarrollar una experiencia lúdica y placentera con el ambiente que lo rodea, pero libre en sus elecciones o preferencias, hará que ese niño desarrolle distintos intereses en la vida y vaya construyendo su propia identidad en torno a éstos. Por otra parte, es importante que el niño confíe en sí mismo, logrando su independencia a partir de pequeñas experiencias donde pueda descubrir, hacer o resolver las cosas por sí mismo. La autonomía, en el plano emocional, también tiene que ver con el control de impulsos, por lo que un niño que se pregunta por las cosas que pasan a su alrededor y en sí mismo, estará atento a las diferentes situaciones y señales (externas e internas) para saber cómo debe comportarse. Aquel niño podrá hacerse cargo de sus respuestas y el impacto de las mismas en los demás. Sobre todo, sus comportamientos tendrán un propósito, y eso es parte del desarrollo emocional de todo ser humano.

Por otro lado es importante esclarecer el segundo elemento de la pregunta: el tiempo presente. La propuesta es valorar a los niños en su tiempo actual, es decir, durante su infancia. Todos los adultos a cargo de un niño querrán el mejor futuro para él, sin embargo esa consideración debe diferenciarse del preocuparse ansiosamente por construir el mejor adulto anticipadamente en un niño. Por el contario, los niños deben vivir su infancia por el valor que ésta tiene en sí misma. Si constantemente se considera al niño en función de lo que será mañana, se olvidan o soslayan importantes aspectos de su bienestar. De esta manera, Tonucci establece que permitir que los niños jueguen de acuerdo a sus propias necesidades, en contraste a espacios ajustados sólo a las necesidades de los adultos, garantiza que esos niños serán adultos sanos, serenos e incluso más productivos.

Los niños deben ser autónomos en sus juegos y aprendizajes, y para ello debe tener espacio la creatividad, el ingenio y la espontaneidad. Un niño puede hacerse cargo de sus tiempos libres, desarrollando sus intereses y capacidad para comprometerse con un proceso de aprendizaje o una preferencia en su tiempo de ocio. Es en la infancia cuando deben valorarse en tiempos y espacios: la curiosidad, la capacidad de asombro y el gusto por descubrir cosas por uno mismo.

Paloma Méndez M.

Mayo, 2012


[1] Tonucci, F. (2005). Citizen child: play as welfare parameter. Springer, 24, 183-195.


jun 01, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: No hay comentarios

 


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