family and emotion

Emociones: La Familia como protagonista de su desarrollo

La psiquiatra Amanda Céspedes en su libro “Educar las emociones, educar para la vida”, escribe sobre la importancia del desarrollo adecuado de la afectividad para el éxito del ser humano. En éste, la autora plantea cómo la sociedad actual nos lleva a potenciar el desarrollo académico creyendo ciegamente en la solidez cognitiva, perdiendo de vista la emocionalidad como eje fundamental de la sana construcción de un niño, y por lo tanto de un adulto.

Muchas veces se nos olvida, o desconocemos realmente la importancia de las emociones y el manejo de éstas en la educación. Éstas son fundamentales en tanto nos permiten guiar nuestra vida y las relaciones que en ella se irán instalando en el ámbito social, laboral y familiar. El enseñarle a los niños cómo desenvolverse cuando sienten rabia, tristeza, envidia, alegría, euforia, les permitirá ser protagonistas de sus propias experiencias y no al revés.

Es así donde la familia ejerce un rol fundamental en el trabajo de este aspecto educacional. Ante todo se hace indispensable que los adultos tengamos un autoconocimiento adecuado sobre nuestras propias emociones y reacciones frente a éstas. La sociedad actual tiende a opacar las emociones negativas (pena, tristeza, rabia, envidia), considerándolas malas y transmitiendo el mensaje implícito de que no deben ser experimentadas. Sin embargo, para un desarrollo afectivo adecuado es fundamental poder experimentar y expresar las diferentes emociones, lo importante es educar cómo hacerlo. Se hace necesario así, otorgarle el espacio a los niños para que puedan sentirlas, ayudándolos a encontrar formas alternativas de expresarlas en caso de que sean conductas inadecuadas. En el caso de la rabia, por ejemplo, es de gran utilidad ayudar a los niños que no miden su fuerza al estar enojados, a que encuentren un lugar de expresión que quede libre de daños (el colchón de la cama, un cojín, etc.). Así les entregamos una vía de expresión alternativa, y el mensaje enviado no es que no es posible sentir rabia, sino que no se debe dañar a alguien en caso de que la sintamos. No permitir la experimentación de emociones negativas lleva a la construcción de una falsa identidad, donde estos sentimientos son negados, y por lo tanto encuentran otras vías de expresión (somatizaciones, depresión, ataques de furia, etc.).

Por otra parte, como padres debemos favorecer en los niños los ambientes emocionalmente seguros para facilitar el desarrollo afectivo. Éstos, se promueven a través de generar en el niño la sensación de ser incondicionalmente aceptado, amado explícitamente, respetado, reconocido, protegido en toda circunstancia y escuchado en situaciones emocionalmente difíciles (cuando teme ser castigado, cuando se siente amenazado, o inseguro).[i] Lo anterior, facilita en los niños la expresión de sus experiencias afectivas y por lo tanto un mejor aprendizaje de cómo manejarlas.

A su vez, es de suma relevancia que los padres puedan ayudar a sus hijos a enfrentar las situaciones conflictivas en las relaciones humanas, lo cual no es una tarea fácil. La mejor manera de educar lo anterior, es a través del actuar consecuente. Los conflictos se dan de manera natural entre los seres humanos, por lo que resolverlos a través del diálogo, la negociación y la conciliación, ayudan a promover el compromiso, la capacidad reflexiva, la tolerancia y el autoconocimiento de quienes los enfrentan. Es necesario sin embargo reflejar esto en el actuar, pudiendo por ejemplo, escuchar la voz del niño en una situación conflictiva, de tal manera de modelar la necesidad de escuchar las opiniones en momentos de conflicto.

Actualmente la tecnología dificulta el contacto personal e íntimo con los otros. Constantemente nos encontramos revisando nuestros mails, teléfono, facebook, etc. Por lo tanto, para educar a los niños en el ámbito emocional, es primordial ser capaces de detenerse a escuchar su voz, y poner nuestra atención y postura física al servicio del diálogo que construyamos con ellos, ya que de esta manera les mostramos respeto. Esta tarea se hace difícil en el mundo actual, pero lograr establecer un espacio único, aunque sea acotado en tiempo y espacio, permitirá establecer la confianza para que el niño sea capaz de plantear sus inquietudes, preocupaciones, alegrías, etc.; y para que los adultos puedan  escucharlos y entregarles ayuda.

Educar las emociones en los niños es una tarea altamente difícil, pero les permite desarrollarse de manera íntegra en su mundo infantil, adolescente y adulto.

“Ese es el gran desafío de la educación emocional. En su esencia, es la educación para la libertad responsable” (Amanda Céspedes)

María de la Luz Martínez

Noviembre, 2012


[i] Céspedes, A., 2008, Educar las emociones, educar para la vida, Ed. Vegara

 


nov 06, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: No hay comentarios

 


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