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El Valor del Dibujo Infantil

El dibujo, como otras manifestaciones infantiles, parece quedarse fuera de la vida de los adultos, cuando no se trata de un artista, ilustrador u otro caso específico. A raíz de lo anterior uno podría preguntarse: ¿qué tiene el dibujo que es tan propio de los niños?, o bien, ¿qué se está poniendo en juego cuando un niño o joven se expresa a través del dibujo, que ya no le sirve al adulto como medio de comunicación?

Es que, justamente, el dibujo para los niños es uno de los medios de expresión más ricos y potentes de su manera de ver y experimentar el mundo. El dibujo como resultado es algo que puede decirnos mucho de lo que a un niño le está pasando en un momento preciso, o bien cómo vive una situación más prolongada o instalada en el tiempo. Sin embargo, el análisis de un dibujo debe aproximarse a éste como un proceso que reúne muchos elementos. Existe una intención motriz o corporal que ejecuta el dibujo, según la cual resulta significativo observar cómo el niño realiza la acción de dibujar, si sus movimientos suelen ser rígidos o continuados, los trazos son fuertes o tenues, tiene una aproximación impulsiva o tranquila hacia el papel, etc. Existe, a su vez, un componente cognitivo, el cual da cuenta de cómo el niño percibe y comprende la realidad, así como su capacidad para representar y simbolizar algunos de estos elementos. También se puede considerar la creatividad necesaria para dibujar, la cual puede mostrarse más accesible o enriquecida cuando se enfrenta dicha acción con tranquilidad y goce, y en la cual se puede desplegar gran parte de la imaginación y mundo interno del niño. O bien se puede observar una creatividad inhibida o coartada, cuando no sólo el dibujo es pobre en su contenido, sino que el niño no disfruta el dibujar y se bloquea frente a esta tarea. En relación a esto, se puede establecer que el dibujo tiene una función lúdica, la cual podemos observar cuando el niño da cuenta de su poder creador mediante los garabatos, trazos y formas que realiza. Por otra parte, hay un repertorio emocional que siempre está implicado en un dibujo. Este se puede reconocer en elementos gráficos, como las proporciones, tamaños, tonalidades, entre otros; en la actitud que el niño manifiesta hacia su propio dibujo; y en el contenido de la ilustración, pues los niños dibujarán aquello que les interesa, preocupa o desean (1). Por último, la narración que el niño desarrolla a partir o durante su dibujo, da cuenta de la experiencia personal que se está intentando comunicar y lo que el niño ha puesto de sí mismo en esa producción. Incluso, muchas son las veces que este poder del dibujo -mostrarnos algo del mundo interno de los niños-, ni ellos mismos lo han identificado o concientizado.

Pues bien, considerando que todos estos elementos se encuentran presentes también en los dibujos que diferentes adultos podrían realizar, ¿qué hay con ellos que parecen distanciarse de este medio de expresión? La riqueza y plasticidad del dibujo tienen relación con una expresión más subjetiva de la realidad. Por lo tanto, la función simbólica del dibujo es más directa con aquello que quiere representarse, esto es, el mundo interno y experiencia emocional del niño. Otras formas de representación, como la escritura, mayormente empleada por los adultos, sostienen una relación menos directa entre el símbolo y lo simbolizado. Y es que en nuestra sociedad la escritura es valorada como la principal forma de expresión entre adultos, pues socialmente se connota al dibujo como “una cuestión infantil”. De esta manera, la escritura favorece para los adultos una expresión más racional y objetiva de la realidad (exceptuando el uso literario), logrando distanciarse de aquel acervo imaginativo y personal con el cual el niño se contacta más fácilmente. Por ejemplo, las características gráficas del dibujo de una familia darán cuenta de la vivencia personal que el niño tiene de ésta; mientras que la palabra “familia” no necesariamente favorece la interpretación subjetiva que tiene de ésta quien la escriba.

Por todo lo anterior, el dibujo tiene un valor importante para la expresividad y comunicación de las personas. Habrá entonces que estar más atentos al poder de la creatividad en los niños, así como a sus dibujos que nos comunican algo más allá de lo que racionalmente podemos aprehender.

(1) Delval, J. (1983). Lecturas de psicología del niño. Madrid: Alianza.

 

Paloma Méndez M.
Enero, 2012

 


mar 04, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: 2

 

2 Respuestas a “El Valor del Dibujo Infantil”


  1. Silvia Melgar dice:

    Muy interetesante el artículo, pienso que los adultos somos los que debemos llegar a los niños y no al revés, el adulto debe ir al mundo del niño, del juego, del dibujo, para comunicarse con él y así durante el crecimiento la comunicación será más fluída através de esos medios.
    Es una pena que los adultos dejen de lado estos medios de expresión, por eso será que me gusta tanto jugar
    Sobre el análisis de los dibujos lo dejo para los especialistas, lo que puedo aportar con mi experiencia, es el mundo tan maravilloso que se descubre en los dibujos y pinturas de los niños, la expresión y la creatividad sin barreras, eso debemos fomentar y no bloquear, ya que lo único que haremos será encasillar al niño dentro de nuestros parámetros y no podremos hacer una lectura desde el arte o de la psicología.


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