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Diagnóstico y Etiquetas

En algunas ocasiones, una evaluación psicológica o psiquiátrica puede tener por objetivo el arrojar un diagnóstico psicopatológico, es decir, qué cuadro o síndrome padece el paciente. Sin embargo, muchas son las veces en que la dificultad por la cual está pasando un niño o joven no se ajusta por completo a uno de estos cuadros, y ese diagnóstico no se establece o configura propiamente tal. Más bien, la evaluación psicológica tendrá por objetivo reunir información relevante sobre el sufrimiento del paciente, comprender las causas y circunstancias asociadas a éste, detectar los principales focos de intervención profesional y estimar un pronóstico del trabajo terapéutico.

Por otro lado, en esta distinción acerca de tener por objetivo llegar a un diagnóstico o no, existen también diferentes posturas profesionales, y es que un uso errado de esta rotulación puede ser devastador. Es decir, la imprudencia en el empleo de un diagnóstico puede ser especialmente dañina e incluso violenta para un niño o joven, ya que lo que puede ocurrir es que él o ella finalmente deje de ser quién es o podría llegar a ser, y en vez se identifique con su propio diagnóstico. En otras palabras, si un niño es evaluado y tratado por profesionales de la salud bajo el nombre de un síndrome o enfermedad, muchas veces puede dejarse de lado todos sus atributos y singularidades, pasando a ser únicamente un “hiperactivo”, “intolerante a la frustración”, “oposicionista”, “desatento”, entre muchos otros. El riesgo que se quiere advertir a partir de lo anterior, es que ese niño efectivamente haga de aquel rótulo su identidad.

Así es como la popularidad o sobrestimación de un diagnóstico, como podría ser el Síndrome de Déficit Atencional en nuestro país, puede conllevar no sólo a un problema de rápida rotulación y fácil medicación, sino que también a que el niño cuyos comportamientos coinciden con la descripción de este síndrome, se identifique a sí mismo como tal y entonces actúe como es de esperarse según ese diagnóstico y pronóstico asociado, sin quizás ser éste su real conflicto. Sin embargo, según lo diagnosticado actuarán también su entorno familiar, social, escolar y médico, dejándolo sin mayor alternativa. Lo anterior es complejo, ya que lleva a dos problemáticas principales que la psicóloga y psicoanalista Marisa Punta Rodulfo[i] pone en relieve: el daño de rotulaciones diagnósticas puede ser especialmente grave cuando se trata de niños, ya que su identidad esta en formación; y el mal empleo de diagnósticos, poco específicos, va “en desmedro de la singularidad del caso y del niño”. Por consiguiente, una evaluación psicológica que concluya en distinguir la singularidad de un niño, entre ello lo que le aqueja a él y a su familia, no necesariamente incluirá un diagnóstico, y quizás entonces se esté considerando como lo más importante las determinaciones de su dificultad y el conflicto que ésta expresa (Janin, 2007).[ii]

Los diagnósticos, como descripciones y clasificaciones de un caso, tendrían que ser empleados siempre que apoyaran la comprensión profesional de una situación y un plan de trabajo específico para la misma. Sin embargo, muchas son las veces que esto no ocurre, ya que los diagnósticos permanecen en un nivel general de la problemática y ello puede inducir a errores. Continuando con el ejemplo anterior, aquel niño rotulado con SDA puede en realidad estar sufriendo un cambio importante en su familia, tener un ánimo deprimido, o bien necesitar una diferente aproximación al aprendizaje que la tradicional, entre muchas otras causas de su padecimiento. El riesgo está en no atender a la particularidad que cada niño está viviendo, y que un manejo imprudente del diagnóstico lleve a que ese mismo niño (y muchos otros) se identifique con esta etiqueta.

Como profesionales de la salud mental, como padres o como adultos a cargo de la formación de un niño, no debemos perder de vista justamente a la persona que hay en éste. Si dejamos de mirar a los niños o jóvenes en su singularidad, y concebimos mayormente a un síndrome, cuadro o déficit, no sólo estamos dejando de lado todo la potencialidad que hay en esa determinada persona, sino más aún posiblemente estemos condenándola a ser ese síndrome, cuadro o déficit.

Paloma Méndez M.

Agosto, 2012


[i] Rodulfo, M. (2005). La dimensión iatrogénica del diagnóstico: el caso del ADD/ADHD? En La clínica del niño  su interior. Un estudio en detalle. Editorial Paidós. Buenos Aires.

[ii] Janin, B. (2007).El ADHD y los diagnósticos en la infancia: la complejidad de las determinaciones. En Cuestiones de Infancia (n°11). 


sep 03, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: No hay comentarios

 


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