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¿Por qué una terapia?

La Psicóloga Violet Oaklander en su libro “El tesoro escondido: la vida interior de niños y adolescentes[i] plantea que las razones principales que causan la necesidad de tener apoyo terapéutico en un niño son dos: les cuesta hacer un buen contacto con profesores, padres, pares y libros; y generalmente tienen un pobre sentido de sí mismos.

Oaklander plantea que cuando un niño tiene dificultades todo su ser se ve afectado; se anestesian sus sensaciones, su cuerpo se restringe, sus emociones se bloquean y su mente se cierra.

Ahora bien, ¿qué es lo que va generando este bloqueo en el crecimiento y desarrollo del niño que finalmente hace necesario un apoyo psicológico? Existen diversas situaciones que pueden ser traumáticas (difíciles de elaborar) para un niño, como el abandono, una enfermedad, el divorcio, el rechazo, etc. Pero Oaklander plantea que además hay factores sociales y etapas del desarrollo que hacen que un niño se bloquee emocionalmente. Si bien éstos corresponden al crecimiento de todo niño, ciertas situaciones dificultan el curso normal de estos procesos haciendo necesario el apoyo terapéutico.

Un primer factor serían las experiencias de separación propias del desarrollo. En un inicio el niño viene al mundo siendo y sintiéndose uno con la madre, pero a medida que va creciendo va descubriendo la existencia de un otro. El modo en que los otros respondan a las necesidades del niño y lo acompañen en este descubrimiento, determinará la apertura o bloqueo en su desarrollo.

Otro factor tiene relación con el egocentrismo propio de los niños, donde sienten que el resto experimenta el mundo de la misma manera que ellos. En tanto les cuesta separar su experiencia de la de los demás, los niños (de todas las edades) tienden a culparse de las cosas malas que suceden, necesitando un otro significativo que los pueda ir ayudando a ver con realismo y sin culpa estas situaciones. Un ejemplo de lo anterior, tiene relación con que los niños comúnmente pueden sentirse responsables de la separación de sus padres.

Los niños suelen creer en todo lo que escuchan de ellos, pese a cualquier evidencia en su contra, lo cual va influyendo en su crecimiento y autoconcepto. En relación a esta idea, la autora considera la satisfacción de necesidades como otro factor de los bloqueos emocionales de los niños. Además de las necesidades básicas, los niños necesitan amor y aprobación de sus figuras significativas. Los niños no siempre saben qué hacer para obtener lo que necesitan, y no se expondrán al rechazo, al abandono o rabia de sus padres. Esto hará que sus demandas frente a las necesidades se vayan adecuando a las respuestas de los padres, estando muy atentos a ellos para no sentir estas emociones negativas.

Otros factores considerados por Oaklander son la autorregulación, que es la capacidad que tiene el organismo de mantenerse sano; y la rabia, la cual puede ser expresada hacia afuera o guardada en el interior. La expresión hacia el exterior puede ser de manera poco adaptativa (generando problemas conductuales, conflictos con los pares, etc.), mientras que al ser reprimida, la rabia puede generar dolores físicos sin un correlato orgánico, que es lo que entendemos muchas veces por somatizaciones.

Finalmente Oaklander incluye los aspectos sociales, como el establecimiento de límites y las expectativas culturales, los cuales repercuten directamente en la concepción que el niño tiene de sí mismo y de su entorno. A la vez, plantea que los distintos sistemas afectan el desarrollo del niño. Dentro de éstos se encuentra el sistema familiar y escolar, pero la autora también considera el sistema judicial, político y médico, entre otros.

Frente a lo anterior, es necesario considerar que una terapia ayudará al niño a restablecer su desarrollo y “recuperar esas partes faltantes de sí mismo”. Esto será realizado a través de un acompañamiento del terapeuta, basado en una relación de confianza, del desbloqueo de los aspectos emocionales, cognitivos y corporales que se han visto interferidos en su desarrollo.

Es debido a esto que es necesario que los padres, el ambiente escolar u otras figuras significativas estén atentos a las expresiones en los niños que puedan reflejar una dificultad en estas tres áreas. Estas manifestaciones pueden ser diversas, en tanto cada niño es particular, pudiendo manifestarse en ansiedad, comportamiento disruptivo, tristeza, hiperactividad, dificultades académicas, malestares físicos, ausencia de juego, u otros. Es tarea de los adultos estar atentos a los niños, considerando que las manifestaciones que muchas veces son poco adaptativas para su ambiente (o excesivamente adaptativas) están reflejando un bloqueo en el niño del cual es difícil salir si no recibe el apoyo del entorno.

“…si yo ordenara a un general que se transformara en ave marina y el general no me obedeciese, la culpa no sería del general, sino mía.”[ii]

María de la Luz Martínez B.

Mayo, 2012

 

Fuentes:

[i]Oaklander, V., 2008, “El Tesoro escondido, la vida interior de niños y adolescentes”, Cuatro Vientos.

[ii]Saint- Exupéry, A., 1943, “El Principito”.

 

 

 


may 05, 2012 | Categorías: Artículos, Novedades | Comentarios: 3

 

3 Respuestas a “¿Por qué una terapia?”

  1. Excelente!


  2. Silvia Melgar dice:

    Yo agregaría desde mi opinión basada en la experiencia de criar 4 hijos, de mi gusto por la psicología y mi experiencia personal en la terapia, si todos necesitamos ir al dentista una vez al año o las mujeres vamos al ginecólogo una vez al año y la mayoría de las personas se hacen chequeos médicos, porqué no unas cuantas seciones de terapia al año, obviamente si es necesario más eso dependerá del terapeuta, el pasciente y el problema. Nos haría mucho bien a los adultos y a los niños. Como dice mi terapeuta …”los problemas no cambian…lo que cambia es la forma de enfrentarlos” y eso se aprende y que mejor que hacerlo de niño.


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