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La expresión emocional en los niños

¿Qué trae a los niños a terapia?

Una reconocida psicóloga llamada Violet Oaklander[1] plantea que fundamentalmente serían dos las razones que llevarían a los niños a la consulta terapéutica: por una parte, que los niños no se sientan bien con ellos mismos, y por otra, que les cueste relacionarse bien ya sea con los padres, profesores o pares.

Lo anterior tendría relación con el desarrollo emocional de los niños, en tanto en la medida en que éstos crecen van viviendo diversas experiencias, las cuales pueden en algunos casos presentarse con mayor o menor grado de traumatismo dejando una huella en el menor. Frente a esto los niños responderían bloqueando las emociones relacionadas con el trauma y no sabrían cómo expresarlas. Las emociones bloqueadas buscarían un lugar de expresión que muchas veces se haría difícil de entender o de reconocer para nosotros los adultos.

Por una parte, podríamos encontrarnos con un niño que cambia repentinamente su actitud, volviéndose más irresponsable, más agresivo o teniendo una gran dificultad para concentrarse y mantenerse sentado en su asiento, mostrándose hiperactivo. Esta expresión, generalmente es la más visible para los adultos ya que es disruptiva al espacio social en el que el niño se encuentra. Sin embargo, muchas veces esta manifestación emocional genera una mayor dificultad para empatizar con el dolor emocional del niño, por generar problemas en el contexto (pares, colegio o familia). Así, generalmente se pierde de vista que el niño manifiesta esas conductas debido a que existe algo que lo aqueja y que le impide estar tranquilo consigo mismo, necesitando expresarlo de alguna manera. Generalmente  estas expresiones reciben fuertes críticas o retos hacia el niño, lo que repercutiría en su autoimagen sintiendo que es él/ella quien es una mala persona, más que un problema que está teniendo en ese período de su vida.

Otra manera que puede tener un niño de expresar su dolor interno puede ser por medio de la ansiedad. Podrían aparecer alteraciones a nivel del apetito, del sueño o manifestando temores que no solían estar presentes (a quedarse solo, a la oscuridad, a separarse de la madre).

Finalmente, existe una expresión que sería muy difícil de reconocer, ya que no conlleva ninguna disrupción para el entorno. Esto es, cuando los niños se vuelven más silenciosos, retraídos o tímidos. Ésta, generalmente, es la más difícil de notar para nosotros los adultos, debido a que se nos hace más fácil lidiar con un niño más tranquilo y que no llame mucho la atención, confundiéndose muchas veces con que ellos son “buenos niños”. Sin embargo,  muchas veces guardan sus emociones y dolores para no molestar a los adultos. Así, los dolores emocionales pueden encontrar un lugar de expresión en el cuerpo, manifestándose como dolencias físicas (dolores de guata, cabeza o bajas de defensas producto al estrés emocional). Esto inconscientemente lo hacen para protegerse y proteger a los demás de aquello que creen les puede generar dolor.

Se hace necesario estar atentos a los cambios de nuestros hijos. Cualquier cambio brusco en la conducta no será nunca parte de un proceso natural del desarrollo, sino más bien reflejo de algo que los tiene inquietos.

Para poder ayudarlos a desbloquear aquellas emociones que se les hace difícil expresar, es importante comenzar ayudando a nuestros niños (y a nosotros mismos) a identificar la amplia gama de emociones que existen. Para esto es importante conversar sobre los sentimientos, pudiendo reflejar que una emoción puede ser expresada de diversas maneras y en distintos niveles (desde una simple molestia hasta un ataque de ira). Luego es necesario ayudarlos a aceptar la emoción que están sintiendo, para finalmente encontrar una manera satisfactoria de expresarla.

Fuente:  [1]Oaklander, V. (2006),“El tesoro escondido”Editorial Cuatro Vientos.

 

María de la Luz Martínez B.

Mayo, 2011

 


sep 06, 2011 | Categorías: Artículos | Comentarios: No hay comentarios

 


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